Dios mío, este sueño, este dolor,
de un cuerpo a otro cuerpo pasa
como el sol, como la sombra se desplaza.
Ruidoso el tiempo sin color,
silencioso entre las rocas desveladas sobrepasa,
las dolientes horas que al niño azotan sin piedad.
Dios mío, este sueño, este dolor,
camina por el polvo sediento
que arropa las siluetas
que sin forma ni destino pasan
de un árbol a otro árbol
mendigando la sombra que del sol no sale.
Dios mío, este sueño, este dolor,
pegado como costra al hueso que camina
buscando va en el polvo una lágrima,
tan sólo una lágrima para saciar la sed que lo consume,
para mojar sus labios,
para recordar que el agua existe.
Dios mío, este sueño, este dolor,
que siglos y caminos recorre por el mundo
buscando en el desierto un camino, una voz, un cielo.
Perdido, ahogado en cada pecho mora,
mirando la miseria del camino,
la miseria del hombre en el camino.
Dios mío, este sueño, este dolor,
como río turbulento viaja,
arrastrando pîedras y raíces y se aleja,
como nube estéril que arrastrando lleva el viento.
Una llaga horrible queda en la mirada de este niño,
que temblando trae una flor de polvo para su madre muerta.
Dios mío, este sueño, este dolor,
clavado está en el polvo del camino,
senda que cruzan estos niños desnutridos,
picados por el sol, el hambre y la miseria,
que otros van dejando como herencia en el camino.
Dios mío, este sueño, este dolor,
¿en la noche más amarga, un día,
en el polvo no terminará?
Nos queda tu Voz,
abrigo y piel de los que nacen bajo el sol.
París 21-04-2007
Señor suelta a los cautivos, el Señor abre los ojos a los ciegos, el señor levanta a los encorvados, el Señor ama a los justos, el Señor custodia a los peregrinos, mantiene al huérfano y a la viuda, pero turba la senda de los pecadores. Reinará el señor eternamente. Salmo 146
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samedi 21 avril 2007
samedi 31 mars 2007
LA PARTIDA
He partido al otro lado del mar. No llevo ningún adiós en mi recuerdo. En la travesía, las aves, mis únicas compañeras de viaje, han preferido callar su canto. No sé nada de los días, aquellos que preceden y anteceden a las formas futuras. He presenciado el invierno. No he preguntado a nadie de la tierra a donde voy ni de la tierra que dejo. Sólo guardo un sueño debajo de una piedra, en el campo. Llevo este nombre que me han dado las aves al alejarme. Viaje, ya no nos alcanza la mano del olvido, aunque haya tempestad, en este vuelo que nunca esperemos, cruzar, como un viejo animal, el día. ¿Qué puedo decir de lo que soy? En alguna parte quedará mi cuerpo. No habrá fiesta, sólo en una piedra deforme, grabará, la tinta en la costra el nombre. Seguramente un día, no lejos de un allá, pernoctará, silenciosa y triste la lluvia. Un camino, ya herida la tierra, será el río. Amanecer que tanto el corazón suspira.
jeudi 1 mars 2007
POEMA
Yo no soy otro que yo mismo. No sé si este amanecer me pertenece. Sin cuidado abro la ventana para ver el tiempo que hace afuera. Apenas me siento vivir y continúo, paso a paso hacia donde debe ser posiblemente mi fin o mi destino. Hay un pensamiento que me viene, me posee y me devuelve a la real circunstancia de mis ojos. Palpo mi existencia. La amargura de los días no me cuenta cómo he de saltar, evitar los obstáculos que me esperan. ¿Qué piedra o árbol distinguiré como única señal para encontrarte? Esta sed de tiempo me devora. Estiro mis brazos para alcanzar la rama que me salve y nada. Un día me ausentaré para siempre. Correré hacia los prados, hacia las dunas, hacia los mares. Buscaré el silencio y no lo encontraré. Mirando el alba me perderé en el crepúsculo del tiempo. Me olvidarán las hojas y no me olvidarán las raíces de las hojas. Yo no espero nada, yo no espero a nadie.
jeudi 15 février 2007
LA VOZ
Una vez más debo escuchar la triste voz en el desierto. La encontré asoleándose en la arena, junto a un médano que el viento perfilaba. La voz era un silencio infinito que rodaba, inagotable, de tu frente.
samedi 10 février 2007
VENTANA
Junto al mar una ventana para mirar el mar. Cae enlodada la noche. Enlodado también el corazón de un desconocido que se pregunta la hora, en alguna parte, presintiendo ya el día. Sus malogrados sueños, por las ruinosas calles, se inundan de pena y de dolor. Desesperados sus ojos a la mitad del día, se cierran para soportar el tiempo. El polvo se posa sobre su cuerpo mientras duerme. Al final del día, se sienta en una piedra huérfana, junto a un río. No quiere ver nada, pero ve a las dolidas aves que al crepúsculo se acercan. Mira también, en el reflejo del agua que recorre, entre las estrellas y la luna, su perfil desordenado, sus negros ojos que lo miran mirarse
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