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vendredi 27 février 2009

La tempestad

Más silencio en el silencio todo era incierto
para mí, ignoro lo que el hombre imaginaba,
de aquel ruido infernal que enmudeció
a la voz que en el desierto habitaba.
Entre las cuerdas del agua que de las nubes
llenaron el silencio, del hombre yo escuchaba:

"Tu voz no oigo más en el desierto,
y vuelve la noche a fundirse en la noche de mis ojos.
La lluvia que violenta mi cuerpo moja,
la siento como alivio en mi peregrinar nocturno.
Aun cuando mis pasos atollados en el barro,
queden un instante,
a mi alma un extraño frescor anima.
Nada siento, nada ahora con ardor deseo."

De todo su cuerpo el agua
emergía como de una fuente.
Todo para mí aquella visión era confusa:
lluvia, desierto, noche y firmamento.
La tempestad todo lo abarcaba,
y duramente el hombre seguía caminando.

"¡Será esta la lluvia que yo imploré un día.
Será un castigo preámbulo de la muerte!"

Escuchaba yo su voz que sin temor
el noble caminante, a nadie dirigía.
Ni feliz ni desgraciado se sentía.
Serenidad vi que sus ojos reflejaban.

"Si esto Dios o el Destino me procuran,
sólo ellos saben de mi llanto oscuro,
sólo ellos mi pena entienden,
sólo ellos saben por qué
cruzando voy este desierto de lluvia humedecido."

Diciendo eso, amainando fue el viento
que sin piedad su rostro flagelaba.

París, 22-05-01

samedi 24 janvier 2009

Ruidos

No hay silencio en la durable noche. Caen las voces del fondo de las nubes como truenos insondables. Suben las voces, los gritos y los llantos del fondo de la tierra, del fondo de las sombras que caminan. Aquí están, Señor, a mi lado como si fueran sombras de mi sombra.

vendredi 26 décembre 2008

El cuervo

Lo vi de lejos -llovía oscuridad
sobre su lomo despertaba la noche
El cuervo cantó -su voz afónica- venía él
entre una multitud desenfrenada

Sobre los hombros de la impiedad quise gritar
pero mi voz apenas aullaba de dolor
quise correr pero el viento se invertía
Nada podía contra la fiebre
Nada contra la muerte
El cuervo seguía en pos de mi pobreza
Era inútil desalentarlo a venir

Mas el pico del cuervo crecía
Nada aturdía el ansia maldita del cuervo
El cuervo era negro
completamente vestido de negro alcanfor
y negra mortaja
Sus garras -su pico- la noche venía
se venía la noche o la muerte

Sus alas en vuelo rayaban el aire
Volaba -muy soberbio el animal
-dije que volaba
arrastrando sus garras -surcando el aire
Yo dormía -tal vez soñaba
Su pico era curvo -saliente- oscuro
El cuervo era un cuervo de alas inmensas
Brillaban de oscuridad
Parecía un ángel del infierno

Verdá tuve miedo -horriblemente miedo
semioculto mi gorjeo miserable
luchaba contra mí mismo -por salir de mí mismo
y dejar el cuerpo envenenado

El lo veía todo
absorto calmado orgulloso hambriento
se acercaba dando saltos maderescos
allí mi cuerpo estirado -moribundo- dormido
Hacia él iba el cuervo

El cuervo era grande -selecto- místico y terrestre
flexionó el pico sórdido y sangricida
-Soy el cuervo -me dijo- la voz infernal crecía
-Soy el cuervo y vengo por ti-
decía la memoria muerta
Sobre mis huesos vino la sombra

-Soy el cuervo de la muerte- volvió a decirme
y la bestia no cejaba ante mis gritos
-soy el cuervo-soy el cuervo-soy el cuervo
Rampaba el eco abismal de sus profanas intenciones
Yo luchaba -luchaba interiormente
Pero el cuervo a destruirme andaba sempiterno

Al fin desperté
Cesó la tempestad
y de un golpe murió el cuervo

lundi 24 novembre 2008

Viajera Azul

Onel
Viajera celeste que en el fondo de la sima preparas tus nobles atuendos para encontrarte conmigo en el desierto. Yo siguiendo voy esta sombra que sale de mi cuerpo, por un camino que nadie ha frecuentado. Callados van mis ojos, callados los ruidos de mis pasos, sólo el polvo se levanta cuando paso. Cuando llego al pie de una montaña, voz y llanto de un niño golpea las rocas de polvo no cubiertas. No sé si alejando o acercando me voy de tu mirada, extranjera azul, tú que en alguna parte ya me esperas, como la oscuridad espera al día.

Viajera

¿De quién es la voz que allá tirita, de quién la sombra que doblada se queda en una esquina? Estira sus brazos como si hablara con el aire, mas el viento, mientras intenta dar un paso, de sus negros pelos hacia atrás lo jala. Sus piernas soñolientas, como pegadas a la tierra lo retienen, y sus ojos como desterrados paradigmas, miran la sombra extraña, que desde el fondo de la ruta le hace un gesto.

Onel
No sé si cruzar debo esta calle o la otra, viajera celeste, que pareces vigilar sin cuidado mi destino. Creo verte pero no te veo, es mi cansada memoria que confundiendo va los caminos y tu rostro. A veces siento frío, a veces duda y miedo cuando paso por lugares como éstos. Allá veo un niño arrastrando la basura que en el desierto encuentra. Alguien se le acerca y sólo mira piedras en sus manos. Sólo el niño me mira, y mirándome no quiere alejarse, pero se aleja.

Viajera
Hundiendo va sus pasos, ya en el polvo, ya en el barro que inunda su camino. Difícil ver su cara. Mas ese perfil me parece haberlo visto en alguna parte. ¿Quién entre todos podrá olvidar su herida? Cuando era niño lo vieron todos cruzar un río, y ya llevaba en la frente esa herida. Entonces sigue siendo él, la marchita hierba que nadie cuida.

mercredi 15 octobre 2008

La carga

Dejar quisiera mis tormentos sembrados en una piedra; lanzar quisiera este dolor a un abismo para siempre. Llevo en mis ojos el pesado monumento a los yerros que fui construyéndolo desde lejanas tierras. El único culpable de mis pasos, soy yo cuando camino. Heme aquí, Señor, al pie del árbol de la vida, llevando en mis hombros lo que soy.

samedi 27 septembre 2008

La ventana y la Muerte

No la vi entrar. Estaba parada junto a la mesa mirando el ramo de flores, quizá no miraba las flores sino el insecto que revoloteaba de un lado a otro. Cuando me miró que la miraba, se estremeció y se puso a temblar. Yo quedé sorprendido por su presencia y por su estado calamitoso. No le dije nada. Por la otra ventana entraba un ruido lejano que llegaba de la ciudad, era un rumor de carros, gritos, aullidos y risas que se mezclaban con el zumbido del insecto. Luego de calmarse, ella se fue por la puerta haciéndome un guiño, que yo interpreté como una señal de complicidad. Tal vez pensó que yo era ese otro, y no él que está mirando ahora por la ventana a los que pasan cabizbajos, alegres, tristes o nostálgicos. Voy a cerrar la ventana, para estar más sólo que antes, para sentir mi soledad imaginándome en otra parte. ¿Y ustedes dónde están?

París 3-9-2006

lundi 15 septembre 2008

El Señor

Bendito seas Señor, que por los montes ariscos de la vida, jalas mi sombra del nefasto día.