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mercredi 9 juin 2010

EXTRANJERA I


Una noche
y después una noche más
todo para encontrar tus ojos
y tu llanto embalsamado de existencia.

Esa tu mirada transparente
aquella que los vientos soplan
esa se quedará conmigo.

Tú que me brindas
un océano en tus ojos
dispersarás también
tus sueños en mi canto.

Cómo no sentir el sol
por la ventana de tu alma
esa que me trae un río
de esperanza en tu mirada.

samedi 29 mai 2010

El Recuerdo

Sin preguntar nada a nadie debo alejarme de todo aquello que me falta. Mas cómo decirle no al mar, al viento, al polvo que me sigue, y también al llanto peregrino de los hombres que buscan, una llave, un camino que los salve. A una sombra me retiro, a la sombra de la piedra que soporta mi destino. Huellas que no borrará el tiempo; hojas que no caerán del árbol prohibido, palabras que no verán mis ojos. En alguna parte, con el polvo del desierto se escribirá mi nombre, yo que huyo del desierto y del mar, a ellos volverán mis pasos, que hoy arrastro a orillas de este río incierto que soy yo.

vendredi 7 mai 2010

Soledad

¿Quién soy?, un ruido, una sombra que se dobla. ¿A quién veo?, a nadie. ¿A quién busco en el fondo de mis ojos?, a un espectro de perfil indefinido. ¿A quién encontraré en esta piedra desolada?, no lo sé. ¿A dónde voy?, a ninguna parte que no sea tu sombra peregrina. ¿Qué siento hoy cuando camino?, el alba. ¿Quién soy en la mar embravecida?, un instante, una hoja que flota sobre la piel del tiempo. ¿Qué brilla entre las nubes y mis ojos?, tu nombre: soledad.

jeudi 15 avril 2010

El hombre

No somos el silencio de nadie, tampoco el recuerdo que otros inventaron. Somos una piedra que talla el tiempo; un navío que en la mar se busca a sí mismo. Somos también la voz, el eco del desierto, los sueños que dejamos enterrados en un cerro. Hoy que miro mis manos, sorprendo a alguien que no soy yo, al otro, ese que soy yo mismo, ese que anda por las orillas de los ríos, aquel que se acerca como un mudo laberinto.

mercredi 29 avril 2009

DIOS

La irremplazable voz en el desierto erra una vez más. Se impregna con el aire, pernocta con el polvo en las noches. Pregunta la voz desconsolada por nosotros; pero nosotros, sordos, ciegos, no queremos ver ni oírle nada. La voz encadenada a su estigma, llora de amargura. Cuánta soledad brilla con el aire, cuánta pena se remueve con el polvo. Busca una morada en cada cosa, en cada onda, en cada uno de nosotros y nada. Inmenso, vaga triste su ser, en el cuerpo de un hombre viejo y cansado de buscarnos. ¡Cómo huirle cada vez que nos habla en el más antiguo silencio! Vamos, acerquémonos a ver el mar, la noche, el desierto donde mora la desnuda voz encadenada; procurémosle un manto de alegría. Ya cae la tarde. Ya no quedan siglos sino pasos para oírle una vez más.

vendredi 27 février 2009

La tempestad

Más silencio en el silencio todo era incierto
para mí, ignoro lo que el hombre imaginaba,
de aquel ruido infernal que enmudeció
a la voz que en el desierto habitaba.
Entre las cuerdas del agua que de las nubes
llenaron el silencio, del hombre yo escuchaba:

"Tu voz no oigo más en el desierto,
y vuelve la noche a fundirse en la noche de mis ojos.
La lluvia que violenta mi cuerpo moja,
la siento como alivio en mi peregrinar nocturno.
Aun cuando mis pasos atollados en el barro,
queden un instante,
a mi alma un extraño frescor anima.
Nada siento, nada ahora con ardor deseo."

De todo su cuerpo el agua
emergía como de una fuente.
Todo para mí aquella visión era confusa:
lluvia, desierto, noche y firmamento.
La tempestad todo lo abarcaba,
y duramente el hombre seguía caminando.

"¡Será esta la lluvia que yo imploré un día.
Será un castigo preámbulo de la muerte!"

Escuchaba yo su voz que sin temor
el noble caminante, a nadie dirigía.
Ni feliz ni desgraciado se sentía.
Serenidad vi que sus ojos reflejaban.

"Si esto Dios o el Destino me procuran,
sólo ellos saben de mi llanto oscuro,
sólo ellos mi pena entienden,
sólo ellos saben por qué
cruzando voy este desierto de lluvia humedecido."

Diciendo eso, amainando fue el viento
que sin piedad su rostro flagelaba.

París, 22-05-01

samedi 24 janvier 2009

Ruidos

No hay silencio en la durable noche. Caen las voces del fondo de las nubes como truenos insondables. Suben las voces, los gritos y los llantos del fondo de la tierra, del fondo de las sombras que caminan. Aquí están, Señor, a mi lado como si fueran sombras de mi sombra.